Metodología Secuencial. La razón.

La razón.

Un concepto que siempre está ahí, todos la buscan, unos se apropian de ella para que luego el fútbol se la quite.

La razón es un concepto siempre presente y más aún cuando hablamos de fútbol, no en vano es famoso el dicho que España tiene tantos entrenadores como habitantes.

Es un concepto tan amplio que ni siquiera en las matemáticas nos ponemos de acuerdo.

Querer tener razón es la enfermedad crónica del futbol en especial en la base. Esos perfiles de liderazgo tóxico que trataremos en breves páginas lo cierto es que me dan mucho juego a la hora de perfilar mi trabajo hacía buscar precisamente algo de razón, aunque yo tengo claro que gracias a proponer, sólo tendré una parte de ella, en el momento la quiera imponer, la perderé del todo.

La razón viene encuadrada en nuestro querido deporte en el momento, hablo de ese momento donde el árbitro señala el final del partido, ese sentido de la razón nos inundará si hemos ganado y nos abandonará si hemos perdido, es así, nos guste o no todos queremos ganar, el enseñar es maravilloso, pero este proceso de aprendizaje culmina su semana con una situación competitiva donde por supuesto queremos enseñar y que aprendan pero dentro de todos nos puede la necesidad, la droga y la adicción de la victoria.

En demasiadas ocasiones comprobamos cómo querer imponer nuestras razones y opiniones a los demás nos cuesta caro. Tal vez logremos desautorizar las ideas de alguien, pero al final acabamos con una razón más y un amigo menos. ¿Vale la pena? Seguramente no.

El resultado de  que querer estar siempre en posesión de la verdad consume una gran cantidad de energía y tiempo que nos impide disfrutar de los demás y de la paz mental de saber que al final  todos tenemos nuestra propia lógica.

Cuando se creen en posesión de la razón absoluta (cosa que no existe) y OSAS opinar de forma distinta recorren en estos perfiles sensaciones de invasión de un espacio, ganado normalmente de forma ilícita lo da lugar a conflictos en la mayoría de ocasiones sin solución.

No parece sensato confundir lo que somos con lo que pensamos, pero esto no lo tienen tan claro quienes se aferran a sus creencias con desesperación y no son capaces de ver más allá.

¿Vas a ganar siempre haciendo lo que diga ese presunto dueño de la razón? La respuesta es sencilla y contundente: NO.

El fútbol es una ecuación demasiado complicada y con múltiples variantes como para que llegue el primer listo de turno a decirnos lo que debemos hacer.

La razón la combatimos con CAMINOS que nos permitan que nuestros pupilos reciban el mejor aprendizaje posible, una información que procesen de la mejor manera para que sea ejecutada a nivel mental y físico de forma viable y sostenible acorde con multitud de condicionantes que debemos tener en cuenta.

Identificarse con la razón es un problema cuando no escuchas, cuando esa razón se ha codificado en tu ADN, en el momento consigas victorias realizaras una exaltación de esa razón, en el momento te vengan derrotas, BUSCARAS ESCUSAS O CULPABLES.

Aceptar las ideas de otros es en realidad más sencillo de lo que parece. Basta con tener presente que aceptarlas no significa adoptarlas o validarlas (no significa estar de acuerdo). Es más bien aceptar que no entendemos a todo el mundo, ni que todo el mundo nos entenderá.

Al final es una cuestión de respeto, la experiencia, los estudios, el número de partidos no te dan la razón absoluta, de hecho en deportes como el fútbol el reciclaje y la formación se antojan imprescindibles ya que nuestro deporte actualmente avanza en tendencias como la vida misma.

En muchas ocasiones incluso la razón se convierte en un ejercicio de generosidad por parte de aquel que cree tenerla, no es más que otra señal de debilidad ya que dicha razón “entregada” suele tener fecha de caducidad y estar supeditada a una derrota reciente.

Quedarte con parte de esa razón/argumento es un ejercicio de inteligencia, administrarla en el momento que creas oportuno y almacenarla o moldearla según tu criterio pero en ningún caso pretender imponerla por adoptarla, ya que caerías en el mismo error.

El disgusto que sentimos ante las ideas que no nos son afines es proporcional al grado de apego que tenemos a las propias y más en el fútbol, no sólo como deporte sino ya como movimiento social.

Cuanto más apego tenemos a una creencia, más disgusto sentiremos cuando nos enfrentemos a las contrarias. Es fácil deducir que no es la idea del otro lo que nos causa molestia, sino nuestro rechazo a aceptar puntos de vista diferentes.

No es su creencia el problema, sino nuestra posición contraria y radical a ella.

Escuchar a los demás nos hace sentir valorados, entendidos, importantes. Tal vez eso sea todo lo que se necesite de verdad, y al conseguirlo podría ser que renunciaran a imponer sus opiniones y creencias.

 

 

 

 

 

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